miércoles, 10 de diciembre de 2008

la Ceiba de San Francisco, Patrimonio del Distrito Capital



Es el árbol emblemático del Distrito Capital, y constituyendo uno de los haberes patrimoniales de la ciudad de Caracas, la Ceiba de San Francisco, fue declarada Patrimonio Natural, en el año 2001, valores históricos y ecológicos de cuya data da fe su partida de nacimiento, cuando es sembrado por la mano del Doctor Vicente Manzo en 1866, siendo también testigo, dentro de tanta historia que ha visto, en silencio, ver pasar a sus pies y observando serenamente desde su altura, de la remodelación de la fachada del Convento de San Francisco en 1887; este ejemplar de la flora ha luchado bravamente, durante tantos años, para no desaparecer ante la arremetida de la ciudad que los fue atrapando en el marco de sus edificaciones y la contaminación ambiental,

Sus orígenes se encuentran en la América del Sur, trasladada a otras latitudes por bondad de la polinización , transferencia del polen desde los estambres hasta el estigma, donde germinan y fecundan los óvulos de la flor haciendo posible la presencia de semillas y frutos; de la que se encargarían los vientos, los pájaros y el hombre mismo que apañó en sus alforjas las semillas que plantaría su impronta peregrina por otros confines, sirviéndole de cauce los atajos tomados para llegar al norte, cruzando la América Central, y alcanzar los de, ayer, mas inaccesibles confines del África y del Asia occidental.

Científicamente se le denomina “Pentandra Gaerth”, familia ésta de las “Bombacaceae”, cuyas características más relevantes están contenidas en esta especie de la flora, de muy rápido crecimiento, se suele ubicar en unos cinco metros por año, que desarrolla su existencia en una altura, y solidez, que puede alcanzar hasta los 50 metros, o más, y un diámetro que difícilmente puede ser ceñido por el hombre, es decir se considera que ello también promedia unos tres metros.

El tronco generalmente es de forma regular, tubular, entramado, grueso, recto y muy grácil, corteza que le recubre un tanto grisácea, guardando cierta relación entre ese color y el verde, con espinas que se desarrollan en su temprana edad, para desaparecer cuando ya arriba a la edad adulta, cuando se torna lisa, conservando sus colores originales y adecuándose a la configuración que va asimilando , que en la misma medida en que va evolucionando, va adoptando una forma abultada .La copa, hojas y ramas que configuran la parte superior, presenta pocas de estas últimas ,pero si muy gruesas y orientadas horizontalmente, en forma de pisos, lo que le permite abultarse hasta los 40 metros.

Sus hojas compuesto-digitadas, alternas, con cinco o nueve foliolos puntiagudos, alargados o acuminados, de entre 10 y 15 cms de largo y de color verde lustroso por el haz y verde opaco por el envés, contratan con sus flores, no muy bellas, combinadas en manojos de cinco pétalos blanquecinos, rosados, amarillos o dorados al que se suma con elegancia una capsula, coriácea, de 10 a 12 cms, que guarda en su regazo una profusa cantidad de semillas, negras, encerradas dentro de una abundante cantidad de lana, gris.

Crece en regiones calidas muy húmedas y pluviales, entre 18° y 24 ° centígrados., adaptándose fácilmente a cualquier tipo de suelo, mas también exige buena cantidad de luz para su crecimiento, de allí es que se le suele encontrar con mas frecuencia en aquellos sitios donde el sol les provee lo que exige: parques, jardines, calles, plazas, en los caminos, riberas de los ríos, tierras agrícolas abandonadas, pendientes desforestadas, entre otros tantos lugares en los que su vistosidad se observa en la distancia.