viernes 18 de noviembre de 2011

A proposito del dia de La Chinita, larga espera la del zuliano ( I )


El 14 de diciembre de 1922, de una apacible y sosegada población, la de Cabimas de entonces , que mas podía esperarse de ellos en ese caserío abandonado a su suerte, incomunicado por tierra, sus entradas y esporádicas salidas lo pudiesen hacer valiéndose de su rústicos cayucos o con verdaderas dificultades entrándole por los vericuetos que no serian mas que las trochas que le unían, o separaban vista con la óptica del que va o el que viene, con Falcón o Lara, estados que le abrazaban como agarrotado en los bordes del aquel lago? En verdad, qué podía alterar tal condición si su población dedicada a la caza, la pesca y la agricultura, la ganadería, caprina con toda certeza , escasa la bovina, ello si lo sospechamos, ejercida en muy modestos hatos, nada mas que potreros en los cuales hacían vida en común escasas vacas, algunos chivos, los mas, comiéndose hasta los cartones y latas que encontraban a su paso, uno que otro ovejo corriendo la suerte de sobrevivir dentro de unos congéneres con los que les unía cierto parecido; algunos puercos hocicando en sus chiqueros, incógnita de sus existencia que se la resolvían , a algunos de ellos, sin prisa puesto que a cada uno le llegaría su día, en diciembre, o cualquier fecha dadas las circunstancias y las necesidades económicas reflejadas en lo huecos del cinturón de los dueños, fecha que no desearían que apareciera en el Almanaque Rojas Hermanos .

Tiempo el vivido, el de esa gente, aclaramos no la de los puercos, en su humildad, en la soledad de su silencio, recostados en el frente de sus casas en taburetes que a fuerza de tantas nalgas y muchas tardes y noches , hasta que la plaga los corría a refugiarse cerca de la pira de brea que iluminaba con su lánguida luz las penumbras de la casa, rusticas sillas que ya habían perdido el pelo de lo que otrora guardaba relación con el chivo que ofrendó su vida para tantas cosas, una de ellas , con su cuero, para servir de asiento y espaldar de las banquetas de marras.
Las que también eran testigo de la profilaxis de sus dueños, momento para rascarse las niguas y sabañones aquerenciados en las separaciones de los dedos de los pies, ampollados por el constante uso de las cotizas elaboradas a lo Jesucristo, es decir entretrenzadas con cabuya o curricán por la capellada, amoldado el pie sobre cualquier pedazo de caucho de algún vehiculo que perdido por esos lugares, ya expirando sus últimos momentos de vida útil, las llantas explicamos, en su postrer existencia prestaban ese invalorable servicio, el de proteger la planta de los pies de aquellos hombres para su trabajo en el campo, talvez ello ante la dificultad de hacerse de unas cotizas, mojaneras, decían eran las mejores, y ello cuando alguna piragua llegaba por esa costa y en sus mercaderías las traía. O se las encargaban. Era un lujo. Hasta domingueras, o días de fiesta y las de guardar. Colores entretejidos por las artesana manos de los guajiros, entre Maracaibo y Sinamaica, en El Mojan, ya esta dicho, por lo de mojaneras.




Ya, en ocasiones, viendo pasar raudas las piraguas con los nombres y colores mas pintorescos ,en la distancia, vía Maracaibo, estela que quedaba atrás como diciéndole adiós a unos pobladores olvidados bajos las palmeras que retomaban luego, su bucólica existencia, suerte de églogas virgilianas evocadoras de una vida sin complicación alguna, dialogo en el silencio del día , o de la noche, con otros campesinos, o pescadores, o con su propia conciencia , en las noches ya cazando el destello del relámpago del Catatumbo, casi continuado y silente ,especialmente desde las grandes distancias, el Faro de Maracaibo, le decían a este fenómeno ya que las embarcaciones que surcaban la zona podían navegar durante la noche sin problemas en la época de la navegación a vela.

Resplandeciente y fugitivo destello descrito por Alejandro de Humboldt como : "explosiones eléctricas que son como fulgores fosforescentes...", también su aporte al conocimiento de su existencia le hizo Agustín Codazzi como: un "relámpago continuado que parece surgir del río Zulia y sus alrededores" ,no menos exaltado por el poeta zuliano Udón Pérez que incluyó una estrofa en el himno del Estado Zulia, de su autoría la letra, méritos obtenidos en concurso público, y música del Dr. José Antonio Chávez , difundida como tal el 19 de febrero de 1910 y que hace referencia a este fenómeno…"La luz con que el relámpago / tenaz del Catatumbo / del nauta fija el rumbo / cual límpido farol".